miércoles, 22 de enero de 2014

¿Por qué podemos?

Esta es una pregunta que pretendo lanzar a todo aquel que se siente o se ha sentido atraído
por la candidatura Podemos. Este es el mensaje que nos transmite Pablo Iglesias, podemos,
claro que podemos cambiar las cosas pero, ¿por qué? La respuesta es tan sencilla que parece
absurda: simplemente porque podemos.
  ¿Es  esto  una  redundancia  absurda?  Ni  mucho  menos.  Simplemente  tenemos  que
enajenarnos  de  todo,  de  todo  aquello  que  nos  impide  actuar  sin  interrupciones  (las
convenciones sociales en su mayoría), y hacerlo sin pensar, sabiendo lo que hacemos. Es decir,
si quiero entablar una conversación con un desconocido no voy a pensar en qué le tengo que
decir y cómo lo tengo que decir, cuándo decirlo y sobre qué hablar. Directamente hablo de lo
primero que se me ocurre. ¿O no es así?
  Cuando  queremos  iniciar  un  proceso  de  transformación  social  es  más  complejo;
porque  no  somos  una  sola  persona:  somos  una  sociedad.  Una  sociedad  entera  que  debe
olvidar  que  no  puede  cambiar  las  cosas,  que  la  participación  no  sirve  para  nada  porque
siempre  ocurre  algo  que  hace  retroceder  esa  conquista  social.  Es  falso.  Si  perdemos  esas
conquistas  sociales  precisamente  es  como  consecuencia  de  que  dejamos  de  entender  que
basta  con  dar  un  paso  adelante  para  empezar  a  caminar:  cualquier  paso,  cualquier  pie,
cualquiera.
  No importa por dónde empecemos la Revolución. No importan los debates teóricos
sobre  la  dictadura  del  proletariado  o  los  problemas no  solucionados  de  la modernidad.  Ese
bagaje intelectual es necesario para hacer coherente la acción. Pero la acción misma es la que
forma a la teoría, y no al revés. Por ello Lenin decía: una acción es más importante que mil
teorías.  La  acción  proporciona  el  marco  para  generar  pensamiento.  Todo  el  análisis  de  la
Revolución  Bolivariana  no  surge  del  éter,  surge  de  la  acción  que,  sin  importar  su  orden  de
prioridad, inició Hugo Chávez.
  Como no sabían que era imposible, lo hicieron diría Jean Cocteau. Palabra repetida por
nuestro  archiquerido  Juan  Carlos  Monedero.  Olvidémonos  de  lo  que  es  imposible,
simplemente  hagamos  todo  lo  que  esté  en  nuestras  manos.  No  ocurra  que  por  creer  que
puedes hacer poco no hagas nada. Celaya lo dijo de otra manera: cada cual en su faena porque
en esto no hay suplentes.
  Somos  todos  titulares  de  un  equipo  que  es  la  sociedad;  la  sociedad  que  ha  estado
ausente  de  la  vida  pública  desde  que  se  instauró  el  Régimen  del  78.  Cortemos  el  nudo
gordiano  con  la  espada,  no  pensemos  en  desenredarlo,  porque  no  lo  conseguiremos.  Si
interiorizamos esta explicación, este equipo social ganará el partido de la Revolución.
  Eso es lo que significa el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia de
Gramsci; si solo pensamos las cosas, todo saldrá mal, habrá mil puntos de vista donde discutir
y  dividirnos.  Si  nuestra  voluntad  es  el  cambio,  con  empezarlo,  lo  iniciaremos  y  lo
conseguiremos: ganaremos.
  Ganaremos…

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