Esta es una pregunta que pretendo lanzar a todo aquel que se siente o se ha sentido atraído
por la candidatura Podemos. Este es el mensaje que nos transmite Pablo Iglesias, podemos,
claro que podemos cambiar las cosas pero, ¿por qué? La respuesta es tan sencilla que parece
absurda: simplemente porque podemos.
¿Es esto una redundancia absurda? Ni mucho menos. Simplemente tenemos que
enajenarnos de todo, de todo aquello que nos impide actuar sin interrupciones (las
convenciones sociales en su mayoría), y hacerlo sin pensar, sabiendo lo que hacemos. Es decir,
si quiero entablar una conversación con un desconocido no voy a pensar en qué le tengo que
decir y cómo lo tengo que decir, cuándo decirlo y sobre qué hablar. Directamente hablo de lo
primero que se me ocurre. ¿O no es así?
Cuando queremos iniciar un proceso de transformación social es más complejo;
porque no somos una sola persona: somos una sociedad. Una sociedad entera que debe
olvidar que no puede cambiar las cosas, que la participación no sirve para nada porque
siempre ocurre algo que hace retroceder esa conquista social. Es falso. Si perdemos esas
conquistas sociales precisamente es como consecuencia de que dejamos de entender que
basta con dar un paso adelante para empezar a caminar: cualquier paso, cualquier pie,
cualquiera.
No importa por dónde empecemos la Revolución. No importan los debates teóricos
sobre la dictadura del proletariado o los problemas no solucionados de la modernidad. Ese
bagaje intelectual es necesario para hacer coherente la acción. Pero la acción misma es la que
forma a la teoría, y no al revés. Por ello Lenin decía: una acción es más importante que mil
teorías. La acción proporciona el marco para generar pensamiento. Todo el análisis de la
Revolución Bolivariana no surge del éter, surge de la acción que, sin importar su orden de
prioridad, inició Hugo Chávez.
Como no sabían que era imposible, lo hicieron diría Jean Cocteau. Palabra repetida por
nuestro archiquerido Juan Carlos Monedero. Olvidémonos de lo que es imposible,
simplemente hagamos todo lo que esté en nuestras manos. No ocurra que por creer que
puedes hacer poco no hagas nada. Celaya lo dijo de otra manera: cada cual en su faena porque
en esto no hay suplentes.
Somos todos titulares de un equipo que es la sociedad; la sociedad que ha estado
ausente de la vida pública desde que se instauró el Régimen del 78. Cortemos el nudo
gordiano con la espada, no pensemos en desenredarlo, porque no lo conseguiremos. Si
interiorizamos esta explicación, este equipo social ganará el partido de la Revolución.
Eso es lo que significa el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia de
Gramsci; si solo pensamos las cosas, todo saldrá mal, habrá mil puntos de vista donde discutir
y dividirnos. Si nuestra voluntad es el cambio, con empezarlo, lo iniciaremos y lo
conseguiremos: ganaremos.
Ganaremos…
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