miércoles, 22 de enero de 2014

A por ellos

¿Quién  de  ustedes  no  se  emocionó  cuando  en  Sabadell,  el  referente  de  buena  parte  de  la
izquierda (pero también un faro ético en la política viciada del Congreso), Julio Anguita dijo:
“esta noche he comenzado la guerra, el que quiera que me siga”? Añadía entre murmullos un
“y ya no hay más que hablar” con una indignación que transmitía un millón de amperios (para
los más aficionados al cine, 1’21 jigovatios).
  Y  es  que  esa  declaración  a  muchos  nos  catapultó  a  otro  tiempo.  A  un  tiempo  de
esperanza, de saber que sí se puede simplemente porque nos atrevemos a dar el primer paso
de un camino que seguro, será muy largo. Con el 15M comenzamos a preguntarnos ¿qué le
pasa  al  mundo?  ¿Qué  demonios  le  pasa  a  esta  España  mía,  tan  aquejada  de  ladrones  y
sinvergüenzas? ¿Dónde está la gente decente?
  Julio  Anguita  anticipó  la  propuesta  de  Pablo  Iglesias,  pero  su  renuncia  a  la  lucha
electoral y su renuncia a la simbología novecentista izquierda/derecha hacía dudar a muchos…
menos a los que no dudaban. El Frente Cívico Somos Mayoría (Somos Alegría, añadiría Juan
Carlos Monedero)  nació  con  la misma  expectativa  que  Podemos:  crear  un  contrapoder  que
contenga al poder.
  Podemos  va  un  paso  más  allá:  crear  un  contrapoder  popular,  transversal,  de
ciudadanos  hartos  y  de  gente  decente  que  quiera  cambiar  las  cosas  que,  participando
activamente, contrapese al poder el gobierno del poder y se lo dispute en su propio campo: en
la lucha electoral. Podemos es a la vez un contrapoder y un antipoder.
Las izquierdas españolas han tenido que despensar una derrota constante de cuarenta años y
repensar el 15M para darse cuenta de esto. Hemos recuperado la ilusión de ver cómo 50.000
personas  apoyan  un  cambio  antiausteridad  y  antineoliberal  en  menos  de  36  horas.  Hemos
recuperado la esperanza de saber que con oponernos serenamente pero con decisión a las
obras de un bulevar, un pequeño barrio donde se movilizan 10.000 personas puede doblegar
al alcalde de una ciudad que ha recibido todos los votos del mundo en las urnas. Porque el
poder político está en la institución y en la calle; pero la calle pesa más, porque hay más gente
pesando allí.
  Podemos  no  está  construido  desde  arriba:  lo  vamos  a  construir  los  de  abajo.  Pablo
Iglesias y otras personalidades de la vida pública solo son referentes de cohesión, de unidad de
la izquierda frente a la agresión de la austeridad europea… un referente de unidad en torno a
la acción.
  Ya tendremos tiempo de desarrollar teorías capaces de dividirnos. Ahora tenemos que
actuar, porque no es tiempo de recular ni de vivir de leyendas, como decía el bueno de Alí
Primera,  sino  de  echarle  valor  y  decisión  y  participación...  y  esa  energía  ciudadana
transformará  el  mundo  (pero  nosotros  vamos  a  empezar  primero  por  las  Españas  y  por
Europa).

  ¿Podemos?  ¡Claro  que  Podemos!  Solo  tenemos  atrevernos  a  poder  y  atrevernos  al
poder. ¡A por ellos! ¡Podemos!

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