¿Quién de ustedes no se emocionó cuando en Sabadell, el referente de buena parte de la
izquierda (pero también un faro ético en la política viciada del Congreso), Julio Anguita dijo:
“esta noche he comenzado la guerra, el que quiera que me siga”? Añadía entre murmullos un
“y ya no hay más que hablar” con una indignación que transmitía un millón de amperios (para
los más aficionados al cine, 1’21 jigovatios).
Y es que esa declaración a muchos nos catapultó a otro tiempo. A un tiempo de
esperanza, de saber que sí se puede simplemente porque nos atrevemos a dar el primer paso
de un camino que seguro, será muy largo. Con el 15M comenzamos a preguntarnos ¿qué le
pasa al mundo? ¿Qué demonios le pasa a esta España mía, tan aquejada de ladrones y
sinvergüenzas? ¿Dónde está la gente decente?
Julio Anguita anticipó la propuesta de Pablo Iglesias, pero su renuncia a la lucha
electoral y su renuncia a la simbología novecentista izquierda/derecha hacía dudar a muchos…
menos a los que no dudaban. El Frente Cívico Somos Mayoría (Somos Alegría, añadiría Juan
Carlos Monedero) nació con la misma expectativa que Podemos: crear un contrapoder que
contenga al poder.
Podemos va un paso más allá: crear un contrapoder popular, transversal, de
ciudadanos hartos y de gente decente que quiera cambiar las cosas que, participando
activamente, contrapese al poder el gobierno del poder y se lo dispute en su propio campo: en
la lucha electoral. Podemos es a la vez un contrapoder y un antipoder.
Las izquierdas españolas han tenido que despensar una derrota constante de cuarenta años y
repensar el 15M para darse cuenta de esto. Hemos recuperado la ilusión de ver cómo 50.000
personas apoyan un cambio antiausteridad y antineoliberal en menos de 36 horas. Hemos
recuperado la esperanza de saber que con oponernos serenamente pero con decisión a las
obras de un bulevar, un pequeño barrio donde se movilizan 10.000 personas puede doblegar
al alcalde de una ciudad que ha recibido todos los votos del mundo en las urnas. Porque el
poder político está en la institución y en la calle; pero la calle pesa más, porque hay más gente
pesando allí.
Podemos no está construido desde arriba: lo vamos a construir los de abajo. Pablo
Iglesias y otras personalidades de la vida pública solo son referentes de cohesión, de unidad de
la izquierda frente a la agresión de la austeridad europea… un referente de unidad en torno a
la acción.
Ya tendremos tiempo de desarrollar teorías capaces de dividirnos. Ahora tenemos que
actuar, porque no es tiempo de recular ni de vivir de leyendas, como decía el bueno de Alí
Primera, sino de echarle valor y decisión y participación... y esa energía ciudadana
transformará el mundo (pero nosotros vamos a empezar primero por las Españas y por
Europa).
¿Podemos? ¡Claro que Podemos! Solo tenemos atrevernos a poder y atrevernos al
poder. ¡A por ellos! ¡Podemos!
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